Todos los años pasa lo mismo. A la hora de ir a jugar al estadio perico una nube gris se cierne sobre el ánimo de la afición blaugrana, ya entregada de por sí al pesimismo. Lo vemos venir, se nota en el ambiente. Pesa en el recuerdo el 0-0 que consiguieron en 2010 basándose en una intensidad y agresividad que zigzagueaba con el reglamento. Nada que ver con lo que hubo ayer.
Nos empataron bien, con un segundo tiempo notabilísimo. Y si Thievy hubiera finalizado como el añorado Thierry alguna de las que tuvo en la primera parte, posiblemente estaríamos hablando de otro resultado. Y no necesariamente a favor del Espanyol. Me explico.
Si vemos los partidos en los que el Barça se ha dejado puntos esta temporada, salvando Mestalla, el Barça ha sido víctima de su conformismo. En Anoeta, tras el 0-1, la intensidad del juego bajó notablemente. En el Coliseum de Getafe, no llegó a estar en ventaja en el marcador, pero si jugaron con esa pasividad del que se sabe vencedor. Ayer, tras el gol de Cesc, la búsqueda del gol se fue de vacaciones. Y cuando el Barça no busca el gol, es cuando es más débil. Ya lo decía ayer @dcana en algún tweet
A Guardiola, curiosamente, no le está dando resultado el resultadismo.
Lo de Iniesta es para darle de comer aparte.
buen artículo. Totalmente de acuerdo
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